COORDINADORA
DE ASOCIACIONES
DE LAICOS MISIONEROS

Aportaciones de
Laicos Misioneros
al
CONGRESO NACIONAL DE MISIONES

Burgos, 18-21 Septiembre 2003

Testimonio presentado por

Florencio Iglesias Domínguez y
Mª Fernanda Rodríguez Cordero.


Matrimonio misionero del Camino Neocatecumenal en Marsella (Francia)


Intentaré hacer un resumen de estos tres apartados :

  1. Nacimiento de nuestra vocación para la misión ad gentes.
  2. Desarrollo y preparación dentro del seno de la comunidad.
  3. Actividad que realizamos hoy como familia misionera en una parroquia francesa.

1. Nacimiento de nuestra vocación para la misión ad gentes.

Mi esposa y yo hemos llegado a la iglesia a través de diferentes caminos y motivos. Mi experiencia personal después de una juventud de búsqueda de un sentido a la vida a través de la psicología, de las drogas, etc, es que sin Dios la vida no tiene sentido, que todo está como condenado a muerte, y que todos mis proyectos me conducían a un vacío profundo.

Entonces escuché el anuncio, que me llegó a través de unas catequesis en la parroquia, de Alguien que me amaba tal y como era. Y este Alguien se fué desvelando poco a poco como el Señor, Jesucristo, el Hijo de Dios. En dichas catequesis conocí a mi futura esposa.

Poco después en las primeras jornadas mundiales de la juventud en Roma, cada vez que abría la bíblia al azar y bastante tiempo después me salía la Palabra de Juan el Bautista : " He aqui que yo envío a mi mensajero delante de ti para preparar tu camino" . Esta Palabra era un misterio para mi y no comprendía qué quería el Señor decirme con ella.

Durante muchos años la escucha de la Palabra de Dios ha denunciado mis pecados, mis idolatrías, me ha hecho experimentar en lo más profundo de mi miseria el perdón de mis pecados, la misericordia del Señor, su fidelidad, su paciencia, su amor, su bondad, me ha reconstruido interiormente como persona. Todo esto y el hecho de reconocer qué sería de mi vida sin Él fué suscitando un agradecimiento al Señor por tantos bienes recibidos gratuitamente.

En 1994 estábamos en una convivencia de catequistas y escuchamos de nuestros catequistas una llamada del Papa a evangelizar como familia. Sin mediar palabra con mi esposa, ambos sentimos ese empujón del Señor a abandonarlo todo y a confiarle nuestras vidas y las de nuestros hijos. Unos meses después Su Santidad Juan Pablo II confirmaba nuestra llamada y nos daba el envío junto con la cruz misionera.

2. Desarrollo y preparación dentro del seno de la comunidad.

El desarrollo y preparación de nuestra vocación (me parece que le llaman hoy formación permanente) se ha hecho como algo natural en el seno de la comunidad. No se puede amar a Jesucristo sin amar a su Iglesia, asi que naturalmente durante nuestra iniciación cristiana empezamos a estudiar los Padres de la Iglesia y otros documentos y escritos apostólicos. Aunque personalmente creo que la mayor preparación se encuentra en la escucha de la predicación y en la meditación de la Palabra.

3. Actividad que realizamos hoy como familia misionera en una parroquia francesa.

En cuanto a nuestra actividad hoy día en la parroquia, tendría que decir primero que cuando llegué a la misión tenía muchas ideas falsas sobre lo que puede ser una misión. Creía que íba a convertir a muchas personas y a aportarles muchas cosas. Luego el Señor me ha hecho comprender que me ha traido a la misión para mi conversión personal en primer lugar.

A través de muchas crisis y fracasos me hace comprender que lo que me hace sufrir no son las dificultades exteriores sino mis pecados, las proyecciones que me hago sobre cómo tienen que ser las cosas y que luego no salen así sino como Dios quiere (y que suele ser muy diferente de lo que había yo pensado). Luego se da lo que llaman inculturación, que para mi es como una especie de simbiosis entre nosotros y el medio en que vivimos, con una cultura, lengua, costumbres diferentes.

Nuestra labor durante ocho años en una parroquia francesa ha sido bastante variada. Hemos hecho catequesis de preparación al bautismo, a la confirmación, al matrimonio, y catequesis de adultos; hemos visitado las casas del barrio para anunciar a Jesucristo, hemos animado las misas y las diferentes fiestas litúrgicas durante el año.

Durante estos años hemos visto que la descristianización avanza sin parar y como consecuencia la práctica religiosa disminuye. Creemos que somos una presencia cristiana en una zona descristianizada y en la que más de la mitad de la población es de origen magrebí.

Intentamos transmitir fielmente lo que hemos recibido, es decir, el anuncio del amor gratuito de Jesucristo tal y como somos, sin exigencias, su misericordia, a través de la predicación, el amor a la Iglesia como madre y maestra, y la posibilidad de redescubrir la fé dentro de una comunidad.



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