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COORDINADORA DE ASOCIACIONES DE LAICOS MISIONEROS |
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Laicos Misioneros al CONGRESO NACIONAL DE MISIONES Burgos, 18-21 Septiembre 2003 |
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Misionerismo laical en Misiones Diocesanas Vascas Experiencias misioneras de laicos y laicas ÍNDICE 1. EL LAICO, EL LAICO MISIONERO Y OTRAS FORMAS DE SOLIDARIDAD
2. LAICOS MISIONEROS EN MISIONES DIOCESANAS VASCAS. Un poco de historia 3. LOS LAICOS MISIONEROS EN LAS MISIONES DIOCESANAS VASCAS HOY
4. LA PRESENCIA DEL LAICADO MISIONERO VASCO EN LA MISIÓN Y EN SU PROPIA DIÓCESIS.
0.- Introducción Los laicos y las laicas estamos llamados a la evangelización. Y la evangelización no conoce fronteras. Es más, como seguidores de un Jesús que anuncia su plan salvífico como una buena noticia para los pobres, los laicos y las laicas también debemos ejercer nuestra acción pastoral junto a los empobrecidos de la tierra para ir haciendo presente ese Reino de Dios, reino de justicia y fraternidad. Los laicos y laicas somos miembros de la Iglesia. Participamos como bautizados de las tareas fundamentales que le han sido confiadas a la Iglesia presente en la historia y en el mundo. Y la actividad misionera es, tal vez, la encomienda fundamental del Jesús resucitado: "Id y anunciad a todos los pueblos y naciones,…" Desde nuestro ser propio, participamos de la acción profética, sacerdotal y real de Jesucristo. En una Iglesia comunidad, con nuestros propios carismas somos transmisores del amor de Dios Padre, continuadores del camino trazado a ejemplo de Jesucristo y potenciadores en nosotros mismos y en los demás de la presencia salvadora e histórica del Espíritu Santo. La evangelización en los territorios de misión llevada a cabo por los laicos se concreta en múltiples acciones y actividades al ser parte de la Iglesia y por ser miembros de ella presentes y actuantes en el mundo y en la historia. Acciones como la catequesis y como el apoyo y acompañamiento de los diversos proyectos pastorales y de desarrollo humano son tareas ejercidas por los laicos actualmente. Más en concreto, las misiones diocesanas vascas llevan 55 años comprometidas con territorios de misión de países empobrecidos con la mística de una colaboración entre Iglesias que quiere ser cada día más recíproca. Tres diócesis que al inicio del compromiso eran una sola, la de Vitoria, siguen en la actualidad cooperando con otras Iglesias en Africa y Latinoamérica. Los laicos somos también enviados como parte de estas Iglesias vascas, prácticamente desde el comienzo. En equipo y cada cual desde sus carismas, laicos, religiosos/as y sacerdotes hemos tratado de evangelizar y acompañar los procesos eclesiales de esos territorios de misión. Llevar la buena noticia de Dios para los pobres. Siempre se ha valorado enormemente la riqueza interdiocesana al ser tres diócesis diferentes que aportan lo suyo a una misma acción misionera y la riqueza del trabajo en equipos ministeriales al estar conformados para el desarrollo de esa acción por personas con diversos ministerios desde el sacerdocio, el laicado y la vida religiosa. Ambas riquezas, aunque en ocasiones hayan soportado equilibrios difíciles de mantener son, desde mi punto de vista, algo a continuar y potenciar. 1.- El laico, el laico misionero y otras formas de solidaridad 1.1.- El laico
1.2. Laico/a misionero/a " (Conferencia Episcopal Española, Laicos Misioneros (LM), p. 15. Cf. 6.1-6.4) El laico misionero como tal es enviado por una comunidad eclesial a una misión ad gentes o en el marco de cooperación entre Iglesias, por lo que supone una opción de fe; y la formación tiene que ser en consonancia. 1.3. Otras modalidades de cooperación solidaria
2.- Laicos misioneros en Misiones Diocesanas Vascas. Un poco de historia La historia de las misiones diocesanas vascas se remonta a 1948 cuando las actuales diócesis de Bilbao, San Sebastián y Vitoria eran una sola diócesis y la entonces diócesis de Vitoria aceptó la encomienda del Papa Pío XII para al evangelización del Vicariato apostólico de Los Ríos en Ecuador. En octubre de 1948, con la ida de los ocho primeros misioneros diocesanos, se culmina el sueño largamente ansiado de que una diócesis pueda hacerse cargo de una Misión, anteriormente sólo encomendada a congregaciones religiosas. Aquellos ocho primeros misioneros eran sacerdotes, pero ya en 1950 parten para la misión diocesana de Ecuador los primeros laicos misioneros. Desde entonces hasta la fecha, han sido 171 los laicos y laicas misioneros (sin incluir los miembros de institutos seculares) que han participado en la misión diocesana de Ecuador, Venezuela, Brasil, Chile, Angola, Rwanda o Zaire (ahora RD Congo). El número de laicos misioneros representa algo más de la cuarta parte del conjunto de misioneros que han participado en la historia de las misiones diocesanas vascas. Los sacerdotes (44%), los institutos seculares y una congregación religiosa conforman el resto. Haciendo un repaso muy genérico a las formas que ha adoptado esa presencia laica a lo largo de estos cincuenta y cinco años, podríamos distinguir las siguientes fases: A.- La presencia laica de los años 50 respondía al modelo de evangelización y de implantación misionera vigente, centrada en la adaptación a un medio nuevo en el que estaba todo por hacer, y en el deseo de llevar el Evangelio basado en la catequesis y los sacramentos. Ejercieron tareas de asistencia a los sacerdotes (a sus personas y en sus trabajos), y de consolidación de las estructuras permanentes (templos, conventos, escuelas y dispensarios). También colaboraban en la catequesis y en la liturgia. Hay que señalar que plasmaron una espiritualidad de servicio que marcó sus vidas. B.- Hacia finales de la década de los sesenta se va abriendo una nueva conciencia social dentro y fuera de la Iglesia. La incuestionable realidad de unas masas empobrecidas cuya presencia contraría el plan de Dios, y el convencimiento de que eso obedecía a unas causas, a unas maneras determinadas de organizar la sociedad, lleva a la misma a plantearse la necesidad de impulsar el desarrollo de los pueblos del Sur para acercarse a los modelos de vida del Norte. Y en la Iglesia se habla abiertamente de los pobres y de su opción por ellos (Medellín), y la evangelización pasa a ser entendida como concienciación, reflexión de la Palabra de Dios y compromiso personal y comunitario con el evangelio. Empiezan a surgir las comunidades de base. En estos años la presencia laica se multiplica considerablemente en número y en países: Ecuador, pero también Venezuela, Angola, Ruanda. Los trabajos de promoción humana, sobre todo en salud y educación, ocupan las energías de muchos de los laicos enviados. En lo que se refiere a la presencia laica en Venezuela, la función de los laicos allí se centró en la formación profesional, dado el momento de gran desarrollo industrial que vivía el país, sobre todo Caracas. Los laicos que participaron de aquel proceso provenían, sobre todo, de escuelas profesionales diocesanas, y su trabajo consistía más en ejercer la enseñanza que en una acción pastoral directa. El paso de los laicos por África fue significativo en cuanto al número. Más de 50 laicos repartidos entre Angola, Ruanda, y Zaire. Correspondió a los primeros años de labor misionera en dichos territorios y, en general la labor de los misioneros laicos fue profesional, fundamentalmente sanitaria. C.- En los últimos años setenta se configura en Ecuador, que por entonces absorbía la mayor parte de los envíos laicos, un modelo de funcionamiento pastoral basado en las comunidades eclesiales de base (CEBs). Muchos de los laicos de la década de los ochenta, y aún de los noventa, participaron de una manera o de otra de este proyecto pastoral. Durante estos años se produce allí una intensa reflexión acerca del papel de los laicos en la Iglesia, y más concretamente acerca de los ministerios laicales. Estas reflexiones englobaron tanto a los laicos ecuatorianos como a los llegados desde el País Vasco. 3.- Los laicos misioneros en las Misiones Diocesanas Vascas HOY Desde finales de los noventa y hasta la fecha, se van abriendo nuevas formas de colaboración misionera laical. Si bien sólo se considera propiamente misionero o misionera laica a los que permanecen una período de al menos tres y cumplen determinadas características. 3.1. Diversas formas de colaboración y de envío A.- Campos de trabajo. Los forman grupos de laicos, generalmente jóvenes, muchas veces estudiantes universitarios, que por un tiempo digamos corto (uno, dos, máximo tres meses), casi siempre coincidiendo con sus vacaciones escolares, se ofrecen a colaborar o cooperar en un trabajo específico en las Misiones Diocesanas. B.- Experiencias prácticas en misiones Laicos/as pertenecientes a grupos de las Procuras, de parroquias o dentro de programas de hermanamientos, pueden incorporarse a los equipos misioneros de las comunidades de base en territorios de MMDDVV para campañas cortas e intensas, llamadas "la misión". Las condiciones de desplazamiento y mantenimiento, así como la relación con el grupo misionero vasco, son semejantes a los campos de trabajo, aunque las Procuras pueden ayudar económicamente, si fuera necesario. C.- Cooperantes y Voluntarios/as. Son laicos, titulados y/o profesionales, que pueden o no ser dependientes de Instituciones públicas o de ONGDs, que están dispuestos a prestar su colaboración profesional y poner sus conocimientos y su experiencia al servicio de los demás, especialmente de los pobres en los territorios de misión. Su cooperación puede durar desde un tiempo corto (de uno a tres meses) hasta un tiempo medio (de seis a doce meses), dependiendo de las tareas que vayan a realizar (poner en marcha un proyecto, solucionar un problema concreto, relevar a otro cooperante...) A veces piden excedencia en su trabajo durante ese periodo de tiempo. Los Voluntarios/as pueden no ser titulados o profesionales, ni realizar una labor estrictamente profesional en las misiones. D.- Laicos enviados por las Delegaciones de Misiones por periodos cortos. Son laicos vinculados a alguna de las tres Delegaciones de Misiones. Dicha vinculación se concreta normalmente en la pertenencia a alguno de los grupos que se reúnen periódicamente en las Delegaciones de Misiones. Deben tener una opción de fe. Los misioneros en Ecuador, en la semana de Bahía 1997, acordaban: "Aceptamos la venida de laicos enviados por las Delegaciones de Misiones vascas por periodos de tres meses. (...) Evidentemente los laicos que opten por esta experiencia deben tener la intención de regresar por un tiempo mayor." E.- Laicos enviados desde las Delegaciones de Misiones para periodos largos. Misioneros laicos:
En conclusión, son considerados misioneros laicos en sentido pleno los representados en los grupos E.1 Y E.2. Los matices que diferencias a uno y otro son simplemente organizativos dentro de una misma vocación misionera laical. A propósito de ello, escriben desde Ecuador:
3.2.- Origen de la solicitud de envío A.- Campos de trabajo y B.-Experiencias prácticas en misiones
C.- Cooperantes y Voluntarios:
El cauce para acceder a los posibles candidatos o desde el que ellos solicitan ir como cooperantes es el mismo que el de los campos de trabajo.
D.- Laicos enviados por las Delegaciones de Misiones por periodos cortos:
E.- Laicos enviados por las Delegaciones de Misiones para periodos largos. Misioneros laicos:
3.3.- Proceso de formación y financiación del envío Desde el inicio se ha apreciado la necesidad de dotar a todos estos laicos de una formación adecuada para ejercer su servicio eclesial con calidad y espíritu cristiano. Así lo estipula el Código de Derecho Canónico: "Los laicos que de modo permanente o temporal se dedican a un servicio especial de la Iglesia tienen el deber de adquirir la formación conveniente que se requiere para desempeñar bien su función, y para ejercerla con conciencia, generosidad y diligencia". (CIC 231.1). A.- Campos de trabajo y B.-Experiencias prácticas en misiones
C.- Cooperantes y Voluntarios
D.- Laicos enviados por las Delegaciones de Misiones por periodos cortos:
E.- Laicos enviados por las Delegaciones de Misiones para periodos largos. Misioneros laicos:
3.4.- Grado de pertenencia al grupo misionero A, B y C.- Campos de trabajo, Experiencias cortas en Misiones y Cooperantes y Voluntarios
D.- Laicos enviados por las Delegaciones de Misiones por periodos cortos:
E.- Laicos enviados por las Delegaciones de Misiones para periodos largos. Misioneros laicos.
4.- LA PRESENCIA DEL LAICADO MISIONERO VASCO EN LA MISIÓN Y EN SU PROPIA DIÓCESIS. Una mirada al Futuro desde el pasado y el presente. "El Evangelio no puede penetrar profundamente en las conciencias, en la vida y en los trabajos de los pueblos sin la presencia activa de los seglares" (Vat.II, Ad gentes, 21). 4.1.- El laicado misionero en sus diócesis de origen. En la medida en que en las diócesis de origen el papel eclesial que juegan los diversos sujetos evangelizadores está más claro y definido, en esa misma medida aunque con sus matices propios, esos mismos sujetos evangelizadores, es decir más en concreto los laicos y los sacerdotes tienen más clara y definida su actividad misionera en las diócesis de destino. Liberar laicos para tareas pastorales en nuestras diócesis de origen y más en concreto en la mía de Bilbao es una línea de actuación que se ha ido consolidando progresivamente en razón de las necesidades eclesiales y del desarrollo de la vocación bautismal propiciado por el CV II y expresamente enfatizada en la Christifideles laici: "Los pastores, por tanto, han de reconocer y promover los ministerios, oficios y funciones de los fieles laicos, que tienen su fundamento sacramental en el bautismo y en la confirmación, y para muchos de ellos, además, en el matrimonio" (Chl n. 23). En Bilbao somos alrededor de 20 los laicos que estamos ya a tiempo completo ejerciendo diversas responsabilidades eclesiales y otros más de 25 en proceso de formación en las diversas fases. Los que ya realizamos tareas pastorales lo hacemos fundamentalmente en las áreas de juventud, apostolado seglar y misiones. Por otro lado no podemos valorar con demasiado optimismo la repercusión e incidencia que el laicado misionero ha tenido en nuestras diócesis de origen. Falta mucho para poder afirmar que la dimensión misionera es un elemento primordial de la pastoral ordinaria. Un sacerdote diocesano al volver de la Misión, pronto se incorpora a una nueva tarea pastoral en la diócesis. La incidencia de ese sacerdote misionero es significativa en su nueva parroquia. No tanto a nivel de toda la diócesis El sentimiento misionero en la diócesis, aunque ha sido fuerte desde hace años, se se ha venido reduciendo. Si bien, con ocasión del cincuentenario de las misiones diocesanas se dieron pasos importantes para la actualización del compromiso misionero y para que nuestras tres diócesis se apropiasen algo más del proyecto misionero. Si lo anterior ha ocurrido con los sacerdotes misioneros mucho menor es la incidencia de los laicos misioneros en estas diócesis en las que el reconocimiento del papel del laicado en la Iglesia está recién dando sus primeros pasos importantes. Son contados los laicos misioneros que a su regreso se han incorporado como laicos liberados para la pastoral diocesana. Muchos laicos y laicas al retornar, lo primero que han hecho ha sido buscar un trabajo que les ayude a situarse en su nueva realidad aquí. Algunos se comprometen con diferentes realidades de marginación. No pierden su vinculación con la Delegación de Misiones e indudablemente en sus grupos de referencia, en sus parroquias y en su entorno su incidencia es mayor. La demanda de una organización laical de mayor entidad, fruto de una búsqueda de mayor autonomía laical dentro de la Iglesia tomó cuerpo en la diócesis de Bilbao hace ahora unos 15 años. La organización Elkarrekin surgió como una de las respuestas posibles. Sin embargo, por diversas circunstancias, Elkarrekin no existe en la actualidad. En nuestras diócesis de Bilbao si puedo decir que se les reconoce a los laicos misioneros como parte de ese "corpus" de laicos liberados para tareas pastorales. Poco a poco el papel de los laicos se irá definiendo y redefiniendo en el conjunto eclesial y en esa misma medida, a los laicos misioneros se les reubicará en ello. Ojalá llegue a ser una práctica habitual el hecho de que una laico liberado que actualmente este en Cáritas o en la Delegación de Juventud, por ejemplo, pueda, tras cumplir su encomienda eclesial aquí, ofrecerse tranquilamente para unos años como laico misionero y a su regreso seguir trabajando aquí como laico liberado para tareas pastorales. 4.2.- El laicado misionero en la misión. Perspectivas de futuro Las misiones diocesanas son parte integrante de la Iglesia diocesana. Participan, por tanto, de sus virtudes y defectos. Sí es cierto, no obstante, que el laicado misionero en los territorios de misión está en un plano de corresponsabilidad mayor que en el que está en su propia Iglesia local. Los primeros laicos liberados a tiempo completo para la pastoral en la diócesis de Bilbao comenzaron su andadura hace algo más de 12 años. En las diócesis de Vitoria y San Sebastián recientemente están dando sus primeros pasos. Sin embargo, como he referido más adelante, ya desde finales de los años setenta en Ecuador aparece esa figura del laico responsable de tareas eclesiales pastorales. Es voz común en la Misión de Ecuador que una de las riquezas del Grupo Misionero Vasco es el trabajo en equipo y, sobre todo que esos equipos están conformados conjuntamente por laicos, religiosas y sacerdotes. También se ha valorado siempre muy positivamente la interdiocesaneidad, o sea que los miembros de un mismo equipo pertenezcan a diócesis diferentes. Desde las misiones, el grupo misionero vasco tiene como una de sus tareas la de suscitar vocaciones para servicio de la Iglesia local. También vocaciones de laicos autóctonos. Sin embargo, dentro del marco de la cooperación entre Iglesias, que es una de las cuatro líneas fundamentales del compromiso misionero, tanto el grupo misionero como las Delegaciones de Misiones han de esforzarse en posibilitar que el misionero seglar tenga amplio espacio dentro de nuestras MMDD. La figura del laico misionero enriquece tanto a la Iglesia que lo envía como a la Iglesia que lo recibe. Corresponde a las Delegaciones de Misiones la búsqueda de candidatos para cualquiera de las modalidades de colaboración citadas, priorizando la de aquellos que pueden dar mayor continuidad a la labor misionera, como son los misioneros laicos. Corresponde igualmente a las Delegaciones de Misiones formarlos adecuadamente. Por su parte, el grupo misionero ha de facilitar y posibilitar la llegada de los laicos de cualquiera de las modalidades citadas, dedicando los esfuerzos necesarios para que pueda haber una colaboración real de laicos en la misión. Merece una atención especial seguir posibilitando la marcha de laicos para trabajos específicos de pastoral. Hoy en día, las misiones diocesanas esperan mucho de los laicos misioneros. Se dice frecuentemente que dada la escasez de clero, el futuro de las misiones ha de pivotar en los seglares. Sin embargo del deseo a la realidad falta un trecho, esperemos que no muy largo. Desde hace unos 5 años, el número de laicos misioneros que se ofrecen para ir a misiones para periodos largos (tres años) es poco numeroso. Nunca en la historia de las misiones diocesanas ha habido menos seglares en misiones que en estos últimos cinco años. Se ha llegado a ser apenas 6 personas en el 2001. Por lo menos es un número que se ha mantenido y que ha ido aumentado poco a poco. No así el número de sacerdotes y de religiosas, que ha descendido en esto últimos años más de una tercera parte. También es cierto que hay muchos más seglares para las nuevas formas de colaboración misionera a las que nos hemos referido anteriormente. Y sobre todo hay motivos para la esperanza, puesto que en los próximos cuatro meses, cinco nuevos laicos misioneros se incorporarán a las misiones de Ecuador y Angola. Y son muy numerosos los grupos de laicos que están en periodo de formación. Este mismo verano, han sido 28 los que han participado en las diversas modalidades de campos de trabajo. Pienso que de cara al futuro, las misiones diocesanas podrán mantener un número limitado de sacerdotes presentes en las diócesis de los territorios de misión. Formando equipo con cada uno (o dos) de estos sacerdotes podrá haber, si las perspectivas actuales se confirman, entre 2 a 4 seglares. De estos seglares habrá algunos que se brinden para periodos largos más largos de 4-6 años y otros que colaboren más puntualmente, no menos de un año. Las experiencias más cortas de campos de trabajo y colaboraciones de uno a tres meses serán aportes específicos que muchas veces servirán sobretodo para que luego pueda dar el salto de ofrecerse para varios años. El porcentaje, por tanto de laicos misioneros en el conjunto de las misiones diocesanas variará bastante. Si ahora apenas son la cuarta parte podrán pasar a ser cerca de las dos terceras partes del conjunto de los misioneros. Habrá que seguir profundizando en la formación previa que dichos laicos deban adquirir antes de tomar el avión rumbo a la misión. No cabe duda de que el laicado y, también el laicado misionero, va a ser una pieza clave en todo el porvenir eclesial. En todo caso, también desde las Misiones Diocesanas, queremos seguir en manos del Espíritu y saber responder con fe, esperanza, disponibilidad y apertura mental y de corazón a los retos que la historia y las circunstancias sociales mundiales nos vayan planteando. Que cuando llegue "el novio" nos encuentre vigilantes y con capacidad de respuesta. Y que los empobrecidos de la tierra, con los que se identificó y sigue identificándose nuestro Señor Jesucristo, puedan verificar con palabras y obras, que el laicado misionero de misiones diocesanas vascas y el conjunto de las misiones en general desean estar a su lado participando de sus luchas, de sus logros y fracasos con fe y esperanza. |