COORDINADORA
DE ASOCIACIONES
DE LAICOS MISIONEROS

Aportaciones de
Laicos Misioneros
al
CONGRESO NACIONAL DE MISIONES

Burgos, 18-21 Septiembre 2003

TRABAJO CONJUNTO DE LAICOS Y RELIGIOSOS
EN LA MISIÓN AD GENTES

Comunicación presentada por

José María López Bandera

Ocasha-Cristianos con el Sur (Rep. Dominicana)


ÍNDICE


INTRODUCCIÓN

El motivo de este trabajo es contribuir a la reflexión, sobre todo desde la práctica y desde la experiencia, sobre las posibilidades y dificultades del trabajo conjunto de Laicos y Religiosos en la llamada Misión Ad Gentes o fuera de nuestras fronteras. Es un hecho constatado frecuentemente que este trabajo es difícil y exige esfuerzo.

Desde muchas congregaciones religiosas se vive la experiencia de que hay una cierta dificultad, entre muchos misioneros ya veteranos, para admitir la colaboración de laicos venidos de fuera, procedentes unas veces de grupos que se forman en torno a las congregaciones y sus carismas, y otras de organizaciones de laicos sensibles o dedicados a la misión ad gentes.

Y desde las asociaciones de Laicos Misioneros, tanto asociadas a congregaciones como independientes, se constata también con frecuencia esta dificultad como uno de los principales puntos de fricción en el trabajo en el lugar de destino.

Para iniciar la reflexión quiero tomar como punto de partida la universal vocación a la misión de todos los cristianos (AG 59). Así pues se trata de ver cómo, juntos y en comunión, podemos ser más fieles, y por tanto más eficaces, en el cumplimiento del mandato misionero de Cristo "Id por todo el mundo y anunciad el evangelio..."(Mc.16,15).

Al mismo tiempo, este tema nos lleva necesariamente a reflexionar sobre cómo armonizar el trabajo conjunto, y cómo facilitar el que los laicos puedan asumir su responsabilidad en los lugares de misión específicamente puestos bajo la responsabilidad (jurisdicción) de unos religiosos o religiosas concretos.

MARCO TEOLÓGICO

Dos citas bíblicas para empezar:

Hch. 10,47 Pedro constata ante Cornelio "Estos han recibido el Espíritu Santo igual que nosotros" la vocación a la santidad y a la misión le hemos recibido todos por el Bautismo y la Confirmación, si bien luego cada uno la desarrollará según su propio ministerio, carisma o estilo.

Is. 43,19 "Mirad, voy a crear algo nuevo, y ya está brotando, ¿no os dais cuenta?... A partir del Concilio, o alrededor de él, se ha planteado una nueva visión del laicado, quizá retornando a los orígenes apostólicos y teniendo en cuenta al mismo tiempo los nuevos valores que Dios hace resurgir en la sociedad actual. Los "fieles" no son ni inicial ni principalmente fieles (obedientes) a la jerarquía, sino "Christifidelis", fieles a Cristo (Chl,1). Todos tenemos que reconocer el papel de los demás carismas y ministerios, pero esta perspectiva nos sitúa de otra manera, mirando a Cristo como referencia. Y por tanto nos obliga a ser más activos y a asumir nuestras responsabilidades en un ambiente de comunión y diálogo.

Y aquí no me resigno a pasar sin citar expresamente un párrafo de la exhortación sobre la Vida Consagrada, que resume y actualiza muy bien la afirmación central del Concilio sobre la Iglesia-Comunión:

(VC. 74) "Se ha de hacer todo en comunión y en diálogo con las otras instancias eclesiales. Los retos de la misión son de tal envergadura que no pueden ser acometidos eficazmente sin la colaboración, tanto en el discernimiento como en la acción, de todos los miembros de la Iglesia. Difícilmente los individuos aislados tienen una respuesta completa: ésta puede surgir normalmente de la confrontación y del diálogo. En particular, la comunión operativa entre los diversos carismas asegurará, además de un enriquecimiento recíproco, una eficacia más incisiva en la misión. La experiencia de estos años confirma sobradamente que «el diálogo es el nuevo nombre de la caridad», especialmente de la caridad eclesial; el diálogo ayuda a ver los problemas en sus dimensiones reales y permite abordarlos con mayores esperanzas de éxito. La vida consagrada, por el hecho de cultivar el valor de la vida fraterna, representa una privilegiada experiencia de diálogo. Por eso puede contribuir a crear un clima de aceptación recíproca, en el que los diversos sujetos eclesiales, al sentirse valorizados por lo que son, confluyan con mayor convencimiento en la comunión eclesial, encaminada a la gran misión universal."

Se está empezando a descubrir o quizá más bien a construir el camino de la corresponsabilidad: todos aportan según sus capacidades. Aquí el diálogo es esencial, por ello hace falta humildad para que todos, sacerdotes, religiosos y laicos reconozcamos y aceptemos los carismas, los ministerios y las capacidades de los otros, teniendo como aspectos centrales el esfuerzo común de seguir a Cristo en nuestras vidas y la misión de hacer llegar su mensaje hasta los últimos rincones.

Y para terminar este capítulo, recordar lo que dice el decreto Ad Gentes del Concilio: la aportación de los laicos es absolutamente necesaria en la actividad misionera porque sin ellos el evangelio "no puede penetrar profundamente en las conciencias, en la vida y en el trabajo del pueblo" (AG. 21), y esto completado con lo que dice el mismo decreto al hablar de los misioneros; dedica el capítulo IV a hablar de los misioneros, y en todo el capítulo se dirige conjuntamente y por igual a sacerdotes, religiosos y laicos, no hace distinciones, ni cuando habla de la vocación: "Porque son sellados con una vocación especial los que, dotados de un carácter natural conveniente, idóneos por sus buenas dotes e ingenio, están dispuestos a emprender la obra misional, sean nativos del lugar o extranjeros: sacerdotes, religiosos o laicos."(AG. 23), ni cuando habla de la espiritualidad (AG. 24), de la formación (AG. 25-26) o de la organización (AG. 27)

LAICOS Y RELIGIOSOS, UNA RELACIÓN QUE CONSTRUYE IGLESIA

Pasamos ahora a los aspectos concretos de esta relación o trabajo conjunto y me gustaría dar un paseo por lo positivo y las dificultades de un caminar que se está iniciando con un estilo nuevo. Podríamos criticar al pasado por no haber iniciado lo que hoy nos parece normal, pero lo mismo nos podrán criticar desde el futuro a nosotros; y sin embargo, nosotros estamos aquí porque otros construyeron antes a su manera, y el futuro tendrá sus logros a partir de lo que nosotros construyamos. Este es nuestro presente, nuestra realidad y nuestra responsabilidad.

LO POSITIVO

  • El trabajo en comunión: es importante, enriquecedor e ilusionante aunar esfuerzos, sentirse parte, parte importante, de una empresa común, la colaboración y el intercambio de capacidades hacen más eficaz la misión de la iglesia, y de este modo se presenta una imagen más articulada y completa de la iglesia y es más fácil encontrar respuestas a retos que individual o sectorialmente no somos capaces de afrontar (VC 54)

  • La complementariedad y enriquecimiento mutuo: si nos miramos unos a otros intentando superar prejuicios, se nos descubren riquezas y valores nuevos que iluminan nuestra vida y nuestro caminar. Las diferentes formas de vivir la fe y de hacerla viva en la acción de sacerdotes, religiosos y laicos hace que, lo que para unos es parte habitual de su estilo de vida, al otro le descubre riquezas insospechadas que responden a sus interrogantes actuales.

  • Descubrir nuevos caminos hasta ahora desconocidos: La visión profética de los religiosos, que les impulsa a aventurarse por caminos todavía inexplorados, junto con una fe más metida en la realidad cotidiana de la sociedad que aportan los laicos, puede ayudar tanto a los unos como a los otros. (VC. 55)

  • En concreto los laicos pueden aportar a la misión en relación con los religiosos:

    • Testimonio de vida laical.
    • Especialización técnica cuando se requiere.
    • Facilidad para conectar con la gente (la forma de vida, los hijos...).
    • Descubrir las riquezas de las sociedades más desde dentro.
    • Por la rotación de los laicos, generalmente provenientes de ambientes menos homogéneos que una congregación, sangre renovada que invita y ayuda a no instalarse.

  • Los religiosos pueden aportar a la misión en su relación con los laicos misioneros:

    • Testimonio de entrega incondicional
    • Refuerzo de la espiritualidad
    • Experiencia histórica sobre el terreno
    • Infraestructura y continuidad en cuanto a personal y en cuanto a institución.

DIFICULTADES

Una dificultad básica que se da con frecuencia es la carencia de educación y formación para el trabajo conjunto, para la capacidad de escucha y el esfuerzo de comprensión.

LOS LAICOS

  • Venidos generalmente de grupos comprometidos en el ámbito pastoral o social, en los que suele reinar un ambiente de familiaridad, pueden ser imprudentes en el trato y también en la forma y el momento de expresar sus opiniones.

  • Su radicalismo a veces puede chocar con otros puntos de vista o forma de vida.

  • Al ser en la mayoría de los casos jóvenes los que se ofrecen para servir como Laicos Misioneros o voluntarios, pueden ser impulsivos o demasiado exigentes, y en algún caso hasta imprudentes.

  • Con frecuencia les cuesta integrarse en una estructura eclesial que conlleva una cierta verticalidad.

  • Puesto que han superado un proceso de selección y formación exigente, están especialmente sensibles a que se les trate como muchachos en período de formación o auxiliares de los religiosos.

LOS RELIGIOSOS

  • A veces llevan muchos años en la misión, con lo cual tienen recorridos personales y culturales totalmente diferentes a los de su país y su iglesia de origen, y a los del país y la iglesia de origen de los laicos, que, además, frecuentemente no suelen ser los mismos.

  • Frecuentemente se encuentran en misiones, parroquias o instituciones muy consolidadas y estructuradas, en las que a veces se da una cierta rutina y atadura a los servicios, perdiendo en creatividad misionera.

  • En VC 70 se plantean los peligros que pueden acechar a la vida religiosa en las diferentes etapas de la vida y en concreto en la fase de la edad madura alerta del "peligro de un cierto individualismo, acompañado a veces del temor de no estar adecuados a los tiempos, o de fenómenos de rigidez, de cerrazón y de relajación".

  • Un ejemplo concreto con el que las asociaciones de laicos nos encontramos con una cierta frecuencia, se da cuando la colaboración del laico ha sido solicitada por un superior o por la persona que anteriormente estuvo en esta comunidad y en el momento de la llegada de los laicos ha sido destinada a otra. La persona que recibe a los laicos misioneros sin haber estado implicada en su solicitud, con frecuencia siente rechazo o manifiesta desinterés por las personas que le llegan, lo cual puede llevar a situaciones cuando menos desagradables y frecuentemente conflictivas. (Laicos Misioneros10.1 b)

AMBOS

A religiosos y laicos se les plantea con frecuencia la dificultad para entender la opción y el estilo de vida del otro.

Al laico le pueden resultar extraños la organización y horarios del religioso/a, y puede cuestionar su no-disponibilidad en según qué momentos.

Al religioso le puede llamar la atención el hecho de que el laico, que colabora en "su" misión, no participe o desee participar en todas las actividades o momentos de espiritualidad (Eucaristía, liturgia de las horas...) propias de su congregación.

También les pueden resultar extraños a los religiosos los horarios o las formas de relación del laico con la gente.

En algunos casos puede resultar incómoda la mera presencia de un matrimonio o la de equipos mixtos: hombres y mujeres solteros o matrimonios con solteros. Decía Bruno Secondin O.Carm. en la asamblea general de la Confer del año 2001: el laico es discípulo de Cristo desde la secularidad y, si está casado, lo es no de manera individual sino en compañía de su consorte. Hay una domesticidad de la vida cristiana y de la pertenencia que acaso puede resultar incómoda, pero que es indispensable (Revista Confer nº 159)

PISTAS PARA APRENDER A CAMINAR JUNTOS

Partiendo del documento "Laicos Misioneros" y de la exhortación "Vita Consecrata", podemos sacar algunos criterios generales que luego habrá que adaptar a cada caso y persona concreta.

El documento "Laicos Misioneros" insiste en la selección, formación y acompañamiento del laico misionero, poniendo entre las cualidades especial énfasis en la capacidad de diálogo y trabajo en equipo (8.2) y resaltando entre los contenidos específicos que le capaciten para el trabajo en la misión, los que le ayuden a entender las diferentes culturas y las diferentes líneas pastorales y formas de vivir la fe en la iglesia, con miras a ayudar en una apertura a la pluralidad. (9.4).

Este mismo documento pide además que el laico misionero sólo sea enviado cuando, además de reunir las condiciones personales, en el lugar de destino sean capaces de acogerle con eficacia. Este es un punto que hay que mirar de manera especial, para no frustrar inútilmente ilusiones, y para no derrochar en esfuerzos innecesarios fuerzas o personas muy válidas y necesarias para la Misión.

Por su parte la exhortación "Vita Consecrata" insiste en el núm. 69 en la necesidad de la formación permanente para ir actualizando la vivencia de la vocación en cada momento, y en el núm. 70, además de alertar de los peligros, como decía más arriba, insiste en los temas sobre los que incidir en cada momento de la vida.

Así pues, es fundamental la preparación previa de ambas partes, antes de que se materialice la llegada del laico a la misión.

El laico debe ser formado para que sea capaz de comprender y valorar, tanto al religioso que ya lleva años en la misión [Respeto a la labor realizada por los que nos precedieron (Laicos Misioneros 13.1)], como al entorno en el que se va a desarrollar su trabajo.

El religioso tiene que llegar al convencimiento de que recibe a una persona o a un equipo que va a aportar savia nueva y fuerzas para el trabajo y de que debe aceptar e impulsar la colaboración del laico, con capacidad para asumir responsabilidades tanto en el discernimiento como en la acción (VC. 74).

La relación debe ser fraternal, no paternalista. Hay que reconocer que el laico es adulto. Por lo tanto el trato debe de ser entre iguales (como igual es la dignidad de todos los cristianos), si bien se deben siempre respeto mutuo y la posibilidad de cambio frente al otro.

Así pues el joven debe de admitir, respetar y valorar la veteranía y los años de entrega; el veterano ha de valorar la vocación del joven, la frescura, la disponibilidad y las ganas de trabajar; y en ambos casos es necesario diálogo, respeto y condescendencia, esforzándose en trabajar por la unidad, cultivándola mediante la convivencia, la oración personal y comunitaria, la revisión de vida y los sacramentos.

Concretando, me parece muy importante que cuando un laico o un equipo llegan a colaborar en una misión, se instauren dinámicas de revisión periódica y frecuente que, desde la oración, el respeto y la valoración mutuos, y el diálogo, ayuden a superar los inevitables choques y malentendidos, evitando la acumulación y el resentimiento, que muchas veces llevan a hacer imposible la comunicación.

ALGUNAS EXPERIENCIAS ESPERANZADORAS

Aunque la valoración mutua de todos los carismas dentro de la iglesia adquiere un impulso en el Concilio Vaticano II a partir de los conceptos de Iglesia-Comunión y de la universal vocación a la santidad, en los últimos años está teniendo especial incidencia en las relaciones Religiosos-Laicos.

Muchas congregaciones están en proceso de discernimiento o han tomado ya resoluciones en la línea de que los laicos puedan tener mayor presencia y asumir mayores responsabilidades dentro de los carismas propios.(VC. 54-55-56)

Es un hecho también el número creciente de laicos que están colaborando en misiones puestas bajo la jurisdicción de religiosos y religiosas, y cómo hay una gran cantidad de experiencias positivas y alentadoras, donde la integración, el diálogo y la coordinación se hacen realidad, por encima de las inevitables deficiencias personales.

Especialmente de cara a la misión ad gentes lleva ya funcionando desde hace casi 30 años en España la Escuela de Formación Misionera, promovida por la Comisión Episcopal de Misiones, la Confer y la Coordinadora de asociaciones de Laicos Misioneros, con la colaboración especial de algunas entidades promotoras, como el IEME y OCASHA-CcS.

Esta escuela promueve anualmente un curso de tres meses destinado especialmente a los que parten por primera vez a la misión y en el que participan por igual sacerdotes, religiosos y laicos. Está orientado a dar una visión universal y de conjunto, tanto en la formación teológica, como en la presentación de las diferentes culturas y los diferentes estilos de Iglesia y de líneas pastorales; invitando al respeto y a la valoración mutuas. Una de sus mayores riquezas es precisamente la asistencia al mismo conjuntamente de sacerdotes, religiosos y laicos, lo que crea un ambiente privilegiado de diálogo y comunicación para poner en práctica la comunión. Las tensiones que en ocasiones se dan por este motivo son reflejo de la vida y sirven para profundizar más en esta comunión.

CONCLUSIÓN

Nos ha tocado un momento histórico especial. El Concilio Vaticano II abrió la puerta a un nuevo estilo de Iglesia que sea capaz de responder a los gozos y esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo (GS. 1). Pero este nuevo estilo se tiene que construir con personas, y las personas no cambian su mentalidad rápidamente. Para que un cambio sea asumido necesita procesos de maduración que requieren tiempo.

Dentro de la Iglesia nace también un nuevo estilo de vida, de comunión y valoración mutua que conceptualmente va calando bastante, pero que necesita esfuerzos y tiempo para impregnar la practica diaria y que se haga un estilo de relación normal y asumido. La efectividad de la misión está en la comunión: "Que todos sean una sola cosa; como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean una sola cosa en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado" (Jn 17,21)

El concilio nos invita a descubrir las riquezas que Dios ha puesto en las diferentes culturas, también en la nuestra, e incorporarlas a la riqueza de la Iglesia (AG. 11).

Es tiempo de construir algo nuevo y no tener miedo a explorar nuevos caminos. Esto a veces da miedo o pereza, pero ilusiona que desde nuestro granito de arena podamos ayudar a alumbrar un mundo y una Iglesia renovados.


BIBLIOGRAFIA

  • Ad Gentes Divinitus (Decreto Concilio Vaticano II – 1965)
  • Empeño Misionero de los Laicos (Sgda. Congregación para la Evangelización de los Pueblos 1970)
  • Laicos Misioneros (Comisión Episcopal de Misiones -1996)
  • La Vida Consagrada (VC) (Juan Pablo II – Exhortación apostólica – 1996)
  • La Misión Ad Gentes y la Iglesia en España (Comisión Episcopal de Misiones – 2001)
  • Caminar desde Cristo. Un renovado compromiso de la vida consagrada. (Instrucción de la Congregación para los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica – 2002)
  • Ensanchar el espacio de la Tienda y otros artículos (Boletín CONFER núm. 159 - 2001)
  • Los Laicos Misioneros (monográfico Misiones Extranjeras núm. 187 – 2002)
  • Voluntariado, cooperación internacional y misión (monográfico Misiones Extranjeras núm. 190 – 2002)

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