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MISIONES extranjeras
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CARTA DESDE IBOTIRAMA, BRASIL
Hola a todos y a todas. Somos María José y Montse. Para más señas, andaluza y catalana. Pertenecemos a una asociación de laicos/as misioneros/as, Ocasha-CCS, que nació hace más de 40 años y continúa actual, con gente siempre nueva y sobre todo con ideas nuevas. Lo que os podamos decir de Ocasha-ccs seguramente no es lo que piensan todos/as, y eso es algo que nos gusta: la pluralidad y el respeto por opiniones y estilos diferentes que vivimos en la asociación. Fue Ocasha el cauce que encontramos para ser misioneras sin dejar de ser laicas, nada fácil. Hace ya cinco y ocho años que salimos "con destino para Brasil" y en ese camino llegamos hace cuatro años hasta aquí, Ibotirama, una ciudad pequeña en el cruce del río Sáo Francisco con la carretera federal Brasilia-Salvador, en el oeste del Estado de Bahía. Ibotirama pertenece a la enorme diócesis de Barra, donde trabajamos como misioneras. En este tiempo, entre otras cosas, hemos aprendido que los pobres no sólo son fuertes y resistentes. Son inteligentes. Queremos decir justamente eso, inteligentes: no sólo sabios o poseedores de tradiciones y culturas más o menos ancestrales. Las ideas románticas sobre la inculturación que traíamos de España se nos han caído por su propio peso. No somos iguales a los pueblos del Sur, no somos pobres como ellos y nunca lo seremos (la simple posibilidad de un tratamiento médico de calidad o de un billete de avión hacia un lugar seguro nos aleja del lugar teológico de los "anawin", incluso la renuncia a todo eso supone una opción que ellos no tienen). Pero la inculturación existe, y el sujeto son los pueblos: ellos son quienes toman el evangelio y lo encarnan en su vida, en su cultura, en sus luchas, más allá de nuestra acción misionera, y a veces a pesar de ella. Y todo eso sin idealizaciones pues todos, nosotros y ellos, somos humanos. DÓNDE ESTAMOS Os contamos un poco como es la realidad: la diócesis de Barra se extiende por 43.321 km2, con una población de 212.464 habitantes (1), en la cuenca del Medio Sáo Francisco, a la altura de la desembocadura del río Grande. De clima semiárido y con uno de los más altos índices de concentración de tierra del mundo, la componen once municipios: Barra, Brotas de Macaúbas, Buritirama, Gentio do Ouro, Ibotirama, Ipupiara, Itaguacu da Bahia, Morpará, Muquém do Sáo Francisco, Oliveira dos Brejinhos y Xique-Xique. Estamos en "tierra de coronéis (2)", donde se confunde lo público con lo privado. Con relaciones jerárquicas entre las familias, que aparecen claramente en la distribución de la propiedad de la tierra (3) y durante las elecciones en el voto por clanes. El sistema judicial tiene una aplicación especial: "para los amigos todo, para los enemigos la ley". Los hijos de antiguos coronéis son hoy alcaldes y/o médicos, que suelen usar la enfermedad y los servicios públicos para sus propios intereses: un ejemplo es la reciente campaña de esterilización de mujeres negras usada, por su falta de recursos y de información, para compra de votos. Mientras tanto mueren muchas mujeres de parto, niños/as de diarrea, hay epidemia de dengue con cada lluvia y enfermedades como la lepra, el mal de Chagas y la tuberculosis son comunes en la región. La electricidad, el transporte colectivo o de enfermos y la escuela también son usados como premio o castigo según el resultado de las últimas elecciones municipales. La historia de dominación aparece también en el tratamiento dado al medio ambiente. Cortaron las tradiciones indígenas de convivencia con el semiárido y la gente aprendió a ser explotados y a explotar. Se añade a eso los proyectos de "inversión para el desarrollo ": empresas de irrigación y fruticultura, lideradas por la Parmalat, usando dinero público y lenguaje globalizado, que están instalándose en la región para fabricar pulpas de frutas, criar ganado a bajo coste y pregonar la importancia de los agrotóxicos para aumentar la producción (entendida, de forma simplista, como el principal problema del sertâo). El régimen de integración a la empresa es apoyado por los políticos, interesados en votos y propaganda, a pesar de las consecuencias tanto aparentes como previsibles: pérdida total de independencia de los agricultores familiares en lo que respecta a la producción y comercialización de los productos, empobrecimiento de un suelo ya naturalmente frágil, envenenamiento de las aguas superficiales y de los acuíferos, atomización de la tierra, inseguridad sobre el futuro (empresas sin perspectivas de implantación definitiva), endeudamiento... Los proyectos empresariales consiguen convencer a la población gracias a las ventajas adicionales que presentan: las carreteras de asfalto y la electricidad sirven a los intereses de estas fábricas, y así, donde no hay empresa interesada no hay carretera. A la imposición de mega proyectos por empresas y líneas de crédito absurdas por el Banco do Nordeste, se une la falta de iniciativa de un pueblo acostumbrado a resistir y a no ejercer el derecho de proponer. Las mujeres no suelen tener espacio para decidir en las asociaciones, consideradas como "cosas de hombres". A menudo, el hecho de mantenerse alejadas de las reuniones, incluso de los políticos, les facilita una gran capacidad de crítica. En algunas comunidades empieza a aflorar una resistencia basada en esa crítica: se niegan a usar agrotóxicos para preservar los ríos, su propia salud y la de su familia, y reivindican políticas públicas que garanticen esos y otros derechos. La gran mayoría de los trabajadores y trabajadoras rurales son agricultores familiares, en régimen de posseiros (4), meeiros (5) y minifundistas. Normalmente están desarticulados, les falta conciencia de clase, y sufren todo tipo de abusos. La forma popular de distribución de la tierra es el "Fundo de Pasto" (6), que supone un modus vivendi apropiado al clima semiárido, respeta el ecosistema de la caatinga (7) y al mismo tiempo favorece la comunitariedad de las relaciones. Hoy en día subsiste en algunos municipios, y calculamos que más de 300 comunidades mantienen sus Fundos de Pasto. El resto fue destruido por los latifundios. A pesar de existir la posibilidad legal de documentación de las tierras respetando ese régimen, por el momento pocas comunidades están en ese proceso. Las viejas y nuevas grilagens (8) y la falta de adaptación de la agricultura al clima expulsó muchos trabajadores y trabajadoras del campo: iban para Brasilia, Sáo Paulo, etc.., donde aumentaban las bolsas de miseria, favelas, prostitución, los biscateiros (9). Esa emigración se ve cada vez menos como una solución, y aumentan día a día las familias en busca de una tierra para vivir, inclusive retornados de los grandes centros urbanos. El latifundio en la región cuenta con el Banco da Terra (10) para continuar alimentando sus intereses: terratenientes controlan al pueblo y al mismo tiempo lucran. A pesar de ese programa y de la campaña contra la Reforma Agraria que emprenden los medios de comunicación, la gente continúa ocupando tierras, y para eso se articulan en varios movimientos (CETA, MST, MLT, OTL...). Las comunidades ribereñas tradicionales del Sáo Francisco, habitantes de tierras públicas (11), sufren problemas propios. Son víctimas de constantes crímenes a causa del pasto y del agua, muy codiciados en la época de sequía, y por eso intentan conseguir la Cesión de Uso de su territorio. Algunas de estas áreas son remanescentes de quilombo (12), con lo cual tienen el derecho de dominio sobre su tierra reconocido en la Constitución Federal. Todas ellas sufren la falta de atención de los organismos públicos. Otras comunidades ocuparon algunas islas cuando fueron expulsadas de sus tierras río abajo, durante la construcción del embalse de Sobradinho (uno de los mayores lagos artificiales de América Latina). Hoy, con el cambio en el régimen de crecidas que regulaba los ciclos de plantación y cosecha, ven sus nuevas tierras como lugares hostiles de donde necesitan emigrar. Siempre relacionado con la tierra, en esta región el control del agua es un elemento de poder. En las grilagens el acceso a la orilla del río, islas, lagunas marginales, fuentes y pozos se convierte en una cuestión de guerra. En la sequía, los coronéis usan los camiones cisterna para abastecer a la población, como premio y castigo para propios o adversarios. La mayor o menor distancia del agua potable modifica la vida de las niñas y mujeres, que durante meses se dedican al transporte de latas y cubos de agua en la cabeza. Existe una articulación para construir depósitos de captación y almacenaje del agua de lluvia, garantizando el agua que cada familia necesita para beber. Pero falta mucho para que ese sistema sea implantado como política pública y más aún para que sean consideradas las otras necesidades que las comunidades tienen respecto al agua: agua de la comunidad y para producir. Las utopías son muchas: el fin del latifundio, la participación de las mujeres en igualdad, la garantía de las tierras de las comunidades ribereñas, remanescentes de quilombo y de Fundo de Pasto, la articulación y autonomía de los trabajadores/as del campo, la implantación de políticas hídricas apropiadas al semiárido, la democracia y el respeto al medio ambiente, la elaboración de planos populares... QUÉ HACEMOS Lo que podemos. Como veis, la realidad no es fácil y no siempre sabemos por dónde empezar. Vinimos aquí para ser "la CPT diocesana". Que ¿qué es eso? Nosotras tampoco lo sabíamos, fuimos haciendo y aprendiendo día a día. La CPT - Comisión Pastoral de la Tierra -, nacida en la dictadura militar brasileña, es una pastoral de frontera, ecuménica en su estructura y en su práctica, y ligada de manera "oficiosa" a la Conferencia de los obispos. Es una pastoral atípica: no se fundamenta en el Evangelio, la CPT nace y se fundamenta en la realidad del pueblo del campo, a partir de ahí, pasa a beber de los evangelios. Esa cuna lleva consigo otra característica: el conflicto. Dentro de ese contexto general: un pie dentro de la realidad del pueblo, a servicio de los trabajadores y trabajadoras rurales, y otro pie dentro de la iglesia, de fidelidad al Evangelio, nosotras intentamos construir nuestra práctica en la diócesis de Barra. Lo que hacemos, además de vivir en la carretera, puede resumirse en dos cosas: - informar, o lo que es lo mismo, colocar todos nuestros estudios, periódicos, revistas, internet, etc.., al servicio de los que no tienen acceso ni a lo más básico (agua, luz...). - creer en las personas, es decir, abrir espacios de discusión y debates para que los excluidos hasta de soñar puedan hablar y decir lo que piensan, lo que quieren hacer con sus vidas. Provocar encuentros entre colectivos de situaciones parecidas porque son ellos que, informados, van a decidir los rumbos de sus vidas y luchar por ellos. Es un trabajo "sencillo" y exigente, que no te deja tiempo para nada, que te absorbe y te entusiasma, que te obliga a optar por los pobres y te enfrenta, entre otros, con la iglesia institucional, esa que muchas veces legitima, por ignorancia o comodidad, la situación opresora vigente. Y es aquí, en Brasil, cuna de la teología de la liberación, que eso pasa. Y es aquí, a la orilla del río San Francisco, que nosotras "inventamos la rueda": descubrimos que nuestros problemas en la iglesia (¿sólo nuestros?) como misioneras, seglares, mujeres (y como CPT en particular) giran alrededor del poder. Trabajamos y vivimos en equipo. Eso fue un aprendizaje y uno de los primeros problemas externos que tuvimos que enfrentar. Desde el inicio siempre hubo quien no podía entender que entre nosotras intentásemos vivir en corresponsabilidad, y hacían todo lo posible para que nos estructurásemos una como "superiora" de la otra. La tradicional cultura individualista y jerárquica de la iglesia, de la sociedad, etc.., no facilita mucho los procesos comunitarios prefiriendo siempre "una cabeza" y soldados rasos, a un equipo de "dos cabezas, cuatro brazos, cuatro piernas...". La corresponsabilidad es un desafío no sólo dentro del equipo, sino principalmente en la relación con el clero y las religiosas con los que trabajamos. Están acostumbrados, en general, a ver a los/as laicos/as como "menores de edad" o "subalternos", o como amenaza cuando planteamos interrogantes a la estructura jerárquica. Hay quien llega a pensar que nuestra única aportación posible a la misión es el ejercicio de nuestra profesión por un tiempo corto en proyectos "sociales", porque no nos encajamos en el esquema de una comunidad religiosa. ¡Como si fuera el único esquema posible! Y es que, a veces, el simple hecho de decidir con autonomía ya suscita sospechas, y el buscar un diálogo de igual a igual, entre ideas diferentes, deja incómodo a más de uno. Cosas que tenemos que ir aprendiendo entre todos... ¿Por qué ese miedo a cambiar esquemas, a desconcentrar el poder? ¿El Espíritu no sopla para todos igual? ¿Para cuando vamos a dejar la construcción de una iglesia de práctica libertadora? Ibotirama, 20 de noviembre de 2001, día de la Conciencia Negra NOTAS: 2. Coronéis: especie de señores feudales descendientes de los portugueses, caciques locales, señores de la vida y la muerte de la población del sertâo y hoy "reciclados" como políticos, jueces y médicos. 3. Según el INCRA (Instituto Nacional de Colonizacáo e Reforma Agrária), en 1998, en media de los 11 municipios de la diócesis, el 70% de la tierra estaba concentrada en latifundios de más de 1000 hectáreas. 4. Posseiros: trabajadores y trabajadoras rurales sin título de propiedad de su tierra. 5. Meeiros: trabajadores y trabajadoras rurales que trabajan una tierra ajena a cambio de entregar un porcentaje de su producción, generalmente la mitad o un cuarto. 6. Fundo de Pasto: una de las formas tradicionales de ocupación de la tierra en Bahía. Consiste en una área colectiva, perteneciente a la comunidad y a menudo sin límites precisos, que se usa para la cría de animales sueltos, en régimen extensivo; al mismo tiempo cada familia mantiene una pequeña parcela para agricultura de subsistencia. El área colectiva preserva el pasto nativo, que suele consistir en caatinga. 7. Caatinga: la vegetación de la zona semiárida del nordeste del brasil. De origen tupi-guarani, caatinga significa "selva blanca", por el color blanquecino que adquiere en la época seca. 8. Grilagem: método para usurpar tierras, consistente en ampliar el área cercada y forjar títulos falsos de propiedad. Muy usado por terratenientes, es el método `clásico" de usurpar tierras de los posseiros. 9. Biscateiros: desempleados que sobreviven haciendo chapuzas, o lo que les va saliendo. 10. Banco da Terra: programa del Banco Mundial que impone la venta de tierras para sustituir la desapropiación constitucional para Reforma Agraria. Consiste en que el banco paga al terrateniente el precio solicitado por éste, y los agricultores/as deben al banco, a plazos y con intereses, el precio pagado. Está en marcha una campaña a nivel nacional para declarar inconstitucional este programa, pero mientras tanto está funcionando, dejando a gente sin tierra (porque no pueden pagar los plazos) y endeudados. 11. Tierras públicas: El río Sáo Francisco es patrimonio federal, porque cruza cinco estados de Brasil. Para delimitar el territorio público, se traza la LMEO (línea media de las crecidas ordinarias) en ambas orillas más 500 m., y lo que queda en medio no puede pertenecer a particulares. La SPU (Secretaría de Patrimonio de la Unión) puede ceder su uso a quien lo solicite. 12. Remanescentes de quilombo: comunidades negras rurales, descendientes de antiguos grupos de esclavos huidos y refugiados en lugares de difícil acceso. Tienen características étnicas y culturales propias, con elementos bantús y tupís (en nuestra diócesis), y a su lucha por reconocimiento se suman las dificultades propias de pequeños/as productores/as rurales. Se creó a nivel federal un organismo gubernamental encargado del reconocimiento de esas comunidades y del proceso de regularización de sus tierras, la Fundacáo Cultural Palmares. |