DOCUMENTACIÓN

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MISIONES extranjeras
187 Enero-Febrero 2002
LOS LAICOS MISIONEROS

Misiones Extranjeras nº 187/2.002

LA EXPERIENCIA DE LOS LAICOS MISIONEROS EN LAS MISIONES DIOCESANAS VASCAS

Íñigo Iriarte Lejarraga*

* Íñigo es laico. Fue laico misionero en Ecuador desde 1987 a 1993 junto a su esposa Amaia.

Íñigo es actualmente el director de Misiones Diocesanas de Bilbao.

I. UN POCO DE HISTORIA

La historia de las misiones diocesanas vascas se remonta a 1948 cuando las actuales diócesis de Bilbao, San Sebastián y Vitoria eran una sola diócesis y la entonces diócesis de Vitoria aceptó la encomienda del Papa Pío XII para la evangelización del Vicariato apostólico de Los Ríos en Ecuador. En octubre de 1948, con la ida de los ocho primeros misioneros diocesanos, se culmina el sueño largamente ansiado de que una diócesis pueda hacerse cargo de una Misión, anteriormente sólo encomendada a congregaciones religiosas. Aquellos ocho primeros misioneros eran sacerdotes, pero ya en 1950 parten para la misión diocesana de Ecuador los primeros laicos misioneros.

Desde entonces hasta la fecha, han sido 165 los laicos y laicas misioneros (sin incluir los miembros de institutos seculares) que han participado en la misión diocesana de Ecuador, Venezuela, Brasil, Chile, Angola, Rwanda o Zaire (ahora RD Congo). El número de laicos misioneros representa algo más de la cuarta parte del conjunto de misioneros que han participado en la historia de las misiones diocesanas vascas. Los sacerdotes (44%), los institutos seculares y una congregación religiosa conforman el resto. Incluimos en este número de 165 a aquellos laicos y laicas misioneros que han permanecido en los territorios de misión más de un año, si bien la media de compromiso misionero de los laicos está alrededor de los cinco años. No están incluidos, por tanto, todos aquellos que, sobretodo en los últimos años, han realizado experiencias misioneras de uno a seis meses.

Haciendo un repaso muy genérico a las formas que ha adoptado esa presencia laica a lo largo de estos cincuenta y tres años, podríamos distinguir las siguientes fases:

  1. La presencia laica de los años 50 respondía al modelo de evangelización y de implantación misionera vigente, centrada en la adaptación a un medio nuevo en el que estaba todo por hacer, y en el deseo de llevar el Evangelio basado en la catequesis y los sacramentos. Ejercieron tareas de asistencia a los sacerdotes (a sus personas y en sus trabajos), y de consolidación de las estructuras permanentes (templos, conventos, escuelas y dispensarios). También colaboraban en la catequesis y en la liturgia. Hay que señalar que plasmaron una espiritualidad de servicio que marcó sus vidas.

  2. Hacia finales de la década de los sesenta se va abriendo una nueva conciencia social dentro y fuera de la Iglesia. La incuestionable realidad de unas masas empobrecidas cuya presencia contraria el plan de Dios, y el convencimiento de que eso obedecía a unas causas, a unas maneras determinadas de organizar la sociedad, lleva a la misma a plantearse la necesidad de impulsar el desarrollo de los pueblos del Sur para acercarse a los modelos de vida del Norte. Y en la Iglesia se habla abiertamente de los pobres y de su opción por ellos (Medellín), y la evangelización pasa a ser entendida como concienciación, reflexión de la Palabra de Dios y compromiso personal y comunitario con el evangelio. Empiezan a surgir las comunidades de base. En estos años la presencia laica se multiplica considerablemente en número y en países: Ecuador, pero también Venezuela, Angola, Ruanda. Los trabajos de promoción humana, sobre todo en salud y educación, ocupan las energías de muchos de los laicos enviados.

    En lo que se refiere a la presencia laica en Venezuela, la función de los laicos allí se centró en la formación profesional, dado el momento de gran desarrollo industrial que vivía el país, sobre todo Caracas. Los laicos que participaron de aquel proceso provenían, sobre todo, de escuelas profesionales diocesanas, y su trabajo consistía más en ejercer la enseñanza que en una acción pastoral directa.

    El paso de los laicos por África fue significativo en cuanto al número. Más de 50 laicos repartidos entre Angola, Ruanda, y Zaire. Correspondió a los primeros años de labor misionera en dichos territorios y, en general la labor de los misioneros laicos fue profesional, fundamentalmente sanitaria.

  3. En los últimos años setenta se configura en Ecuador, que por entonces absorbía la mayor parte de los envíos laicos, un modelo de funcionamiento pastoral basado en las comunidades eclesiales de base (CEBs). Muchos de los laicos de la década de los ochenta, y aún de los noventa, participaron de una manera o de otra de este proyecto pastoral. Durante estos años se produce allí una intensa reflexión acerca del papel de los laicos en la Iglesia, y más concretamente acerca de los ministerios laicales. Estas reflexiones englobaron tanto a los laicos ecuatorianos como a los llegados desde Euskadi.

    3.1. En 1990, en la Asamblea Anual del Grupo Misionero Vasco de Ecuador, se propusieron tres posibilidades para el envío de laicos misioneros desde Euskadi:

    1. Incorporación a la vida pastoral del grupo misionero vasco en cada Iglesia particular.

    2. Trabajo en una obra concreta (educativa, asistencial, proyecto de promoción, grupo de gente marginada), obra inserta dentro del plan pastoral de la Iglesia particular, y

    3. Ejercicio de la propia profesión.

    Se concluyó que no serian enviados en el tercer supuesto, laicos de Misiones Diocesanas. El proyecto misionero era pastoral, evangelizador y la propia profesión se podría ejercer en el marco del segundo supuesto. Para el tercer supuesto ya había profesionales autóctonos. Se añadió además que se veía necesaria una experiencia de fe madura, una formación teológica y pastoral básica y una capacitación profesional específica.

    3.2. Reflexionando en la Asamblea de 1991 sobre el papel de los laicos autóctonos, se los ve incorporados a la Iglesia desde la comunidad eclesial de base (CEB). Así, participan en actividades pastorales: catequesis, acompañamiento a enfermos.... y sobre todo, en actividades dentro de la CEB: reflexión en grupo de la Palabra de Dios, trabajos comunitarios, servicios comunitarios (tiendas, botiquines...), misiones... Algunos de los laicos se incorporan también como agentes de pastoral en las diócesis, en tareas estrictamente parroquiales o trabajando en comisiones diocesanas de pastoral social o de defensa de los derechos humanos.

  4. Desde finales de los noventa y hasta la fecha, se van abriendo nuevas formas de colaboración misionera laical que podríamos clasificar como sigue:

    1. Campos de trabajo. Los forman grupos de laicos, generalmente jóvenes, muchas veces estudiantes universitarios, que por un tiempo digamos corto (uno, dos, máximo tres meses), casi siempre coincidiendo con sus vacaciones escolares, se ofrecen a colaborar o cooperar en un trabajo específico en las Misiones Diocesanas.

    2. Cooperantes. Son laicos, titulados y/o profesionales, que pueden ser dependientes de Instituciones públicas o de ONGDs, que están dispuestos a prestar su colaboración profesional y poner sus conocimientos y su experiencia al servicio de los demás, especialmente de los pobres en los territorios de misión. Su cooperación puede durar desde un tiempo corto (de uno a tres meses) hasta un tiempo medio (de seis a doce meses), dependiendo de las tareas que vayan a realizar (poner en marcha un proyecto, solucionar un problema concreto, relevar a otro cooperante...) A veces piden excedencia en su trabajo durante ese periodo de tiempo.

    3. Voluntarios/as. Son laicos con las mismas características que los cooperantes, excepto que pueden no ser titulados o profesionales, ni realizar una labor estrictamente profesional en las misiones y que no dependen de ninguna Institución pública u ONGD.

    4. Laicos enviados por las Delegaciones de Misiones por periodos cortos. Son laicos vinculados a alguna de las tres Delegaciones de Misiones. Dicha vinculación se concreta normalmente en la pertenencia a alguno de los grupos que se reúnen periódicamente en las Delegaciones de Misiones. Deben tener una opción de fe.

      Los misioneros en Ecuador, en la semana de Bahía 1997, acordaban: "Aceptamos la venida de laicos enviados por las Delegaciones de Misiones vascas por periodos de tres meses. (...) Evidentemente los laicos que opten por esta experiencia deben tener la intención de regresar por un tiempo mayor."

    5. Laicos enviados desde las Delegaciones de Misiones para periodos largos. Misioneros laicos:

      "Todo seglar que venga a trabajar al Grupo Misionero Vasco, tanto a un proyecto pastoral amplio como a un proyecto más específico - previa petición según las necesidades del equipo o zona- debe, por supuesto, venir con una opción de fe asumida, debe participar de una opción preferencial por el pobre y trabajar coordinadamente (equipo y zona), encaminado a crear organización y comunidad.

      El tiempo mínimo de su compromiso debe ser de tres años. Considerando que el trabajo pastoral que va a realizar cualquier persona que venga (aunque sea a una pastoral más específica), necesita un periodo de conocimiento y ubicación y posteriormente, un espacio de tiempo para hacer aportes reales al trabajo, y un tiempo final para ir dejando la tarea en manos de otros." (Asamblea del Grupo Misionero Vasco de Ecuador. Bahía 1997).

      Puede haber circunstancias que flexibilicen el tiempo referencia) de tres años.

      Son misioneros laicos que van o bien para un trabajo específico de pastoral (E.1) o bien para un trabajo de pastoral ministerial (E.2).

      E. l. Misioneros laicos para un trabajo específico de pastoral:

      Su colaboración es en trabajos en los campos específicos de la pastoral, como por ejemplo: Educación, granjas, proyectos de desarrollo, salud, promoción de derechos humanos, promoción de la mujer, construcciones...; integrados y coordinados en y con el equipo de agentes de pastoral.

      E.2. Misioneros laicos para un trabajo de pastoral ministerial:

      "En la vocación de los laicos entra también la posibilidad de prestar su servicio en ámbitos y campos ministeriales que tienden a edificar y desarrollar desde dentro la comunidad cristiana; en la animación de las comunidades, en el servicio de la Palabra o de la catequesis, en la formación de agentes de pastoral...; en esta dirección los laicos vienen contribuyendo grandemente al desarrollo y florecimiento de los ministerios de la comunidad" (LM, p. 16).

      Su colaboración es prioritariamente la de un agente de pastoral ministerial, como por ejemplo, acompañamiento a las comunidades eclesiales de base, catequesis, servicios ministeriales de la celebración de la Palabra, etc..

      En conclusión, son considerados misioneros laicos en sentido pleno los representados en los grupos E.1 y E.2. Los matices que diferencian a uno y otro son simplemente organizativos dentro de una misma vocación misionera laical. A propósito de ello, escriben desde Ecuador:

      "En cuanto a los laicos, cuyo número se ha reducido en estos últimos años, pareciera que nos referimos con mayor fuerza a los laicos que, integrados en los equipos de agentes de pastoral, realizan un trabajo de pastoral de conjunto (E.2). Aunque es verdad también que, cada vez, los mismos equipos sienten la necesidad de contar con laicos que puedan ayudar en un trabajo de tipo más social o más específico, apoyando en proyectos, en trabajos comunitarios, en DD.HH., en Pastoral Social... (E.1). Creemos que, aun destacando las diferencias entre las distintas maneras de colaborar o cooperar con el trabajo del Grupos Misionero vasco, todas ellas tienen cabida y son interesantes para reforzar nuestra labor de evangelización y promoción. Cada uno le dará más importancia a una u otra manera, pero debemos estar abiertos a todas ellas."

II. LOS LAICOS MISIONEROS HOY EN LA MISIÓN DIOCESANA

Origen de la solicitud de envío

  1. Campos de trabajo:

    Son solicitados desde los lugares de Misión. No se organizan desde aquí.

    El cauce para acceder a los posibles candidatos o desde el que ellos solicitan ir a los campos de trabajo suele ser el de los grupos eclesiales (parroquiales o de hermanamientos con algunos lugares de misión, etc.), o bien el de las ONGDs. También pueden proceder de programas que organicen las Instituciones públicas (Gobierno Vasco, Diputaciones, Municipios...)

  2. Cooperantes:

    Son pedidos o solicitados desde la Misión (a petición de un equipo de agentes de pastoral o de una zona, siempre a través del Consejo de la Misión) para ayudar en un campo concreto: Medicina, ingeniería, veterinaria, agronomía...

    El cauce para acceder a los posibles candidatos o desde el que ellos solicitan ir como cooperantes es el mismo que el de los campos de trabajo.

  3. Voluntarios:

    Son laicos que se brindan, casi siempre individualmente, a aportar su formación o capacidad al servicio del Tercer Mundo. La petición puede provenir desde la Misión o bien pueden ser presentados desde las Delegaciones de Misiones y aceptados por el Consejo de la Misión.

  4. Laicos enviados por las Delegaciones de Misiones por periodos cortos:

    Son laicos que proceden de los grupos de jóvenes que se reúnen periódicamente en alguna de las tres Delegaciones de Misiones. Normalmente han llegado hasta estos grupos desde alguna parroquia o movimiento diocesano. Son presentados por las Delegaciones de Misiones a los territorios de Misión, previa solicitud personal, como parte de su periodo formativo de cara a un futuro compromiso mayor. El Consejo de Misión ha de aceptar su ida y decidir su ubicación final.

  5. Laicos enviados por las Delegaciones de Misiones para periodos largos. Misioneros laicos:

    Al igual que los anteriores son laicos que proceden de los grupos de jóvenes que se reúnen periódicamente en alguna de las tres Delegaciones de Misiones. Normalmente han llegado hasta estos grupos desde alguna parroquia o movimiento diocesano.

    Son enviados por la Diócesis desde las Delegaciones de Misiones previa petición de los misioneros, según las necesidades del equipo o las zonas tras haber cumplimentado su período formativo.

Proceso de formación. Modos de envío

  1. Campos de trabajo:

    No han participado en el grupo de laicos de las Delegaciones de Misiones, ni han seguido un proceso de formación. De todas formas se establece con los candidatos unos encuentros periódicos previos a la marcha para que conozcan los detalles del campo de trabajo y de los lugares de Misión. Ellos mismos asumen todos los gastos.

  2. Cooperantes:

    No tienen por qué haber participado en el grupo de laicos de las Delegaciones de Misiones, ni haber seguido un proceso de formación. Reciben una información básica acerca de los lugares y las condiciones de vida a donde van a prestar su colaboración.

    Las Delegaciones de Misiones los buscan o contactan con ellos y les facilitan los trámites para su ida y estancia. Las Delegaciones de Misiones pueden asumir, si procede, los gastos de envío y del seguro de vida y accidentes.

  3. Voluntarios:

    No tienen por qué haber participado en el grupo de laicos de las Delegaciones de Misiones, ni haber seguido un proceso de formación. Reciben una información básica acerca de los lugares y las condiciones de vida a donde van a prestar su colaboración.

    Las Delegaciones de Misiones los buscan o contactan con ellos y les facilitan los trámites para su ida y estancia. Las Delegaciones de Misiones pueden asumir, si procede, los gastos de envío y del seguro de vida y accidentes.

  4. Laicos enviados por las Delegaciones de Misiones por periodos cortos:

    No se les exige un periodo de preparación de un año, pero sí un tiempo prudente que les permita conocer las opciones fundamentales de los misioneros, la forma de trabajo, etc. Pueden provenir o bien de alguno de los grupos de misiones que se reúnen en las Delegaciones de Misiones o de grupos de misiones de parroquias o bien de una parroquia o institución hermanadas con otra parroquia o institución de los territorios de misión.

    Las Delegaciones de Misiones pueden colaborar con un tercio de los gastos que suponga el viaje a la misión, y el seguro de vida y accidente. Otro tercio lo costeará el propio seglar y el tercer tercio, el grupo, parroquia o institución a la que pertenezca. Si no existe tal grupo, parroquia o institución, se estudia cada caso particular.

  5. Laicos enviados por las Delegaciones de Misiones para periodos largos. Misioneros laicos:

    Se les exige que hayan seguido un plan de formación y una preparación en los grupos de las Delegaciones de Misiones. Esta última de, al menos, un curso, que puede coincidir o no con el plan de formación. Cada diócesis determina el plan de formación que les exige según sus posibilidades diocesanas. La formación contemplará un análisis de la realidad y una formación teológico-bíblica. También cabe una formación más específica (profesional), según la labor que vayan a desempeñar en los territorios de misión. Una vez aceptado el envío, estos misioneros laicos son considerados miembros del grupo misionero vasco y, por tanto, las Delegaciones de Misiones asumen todos los gastos del envío.

    Por ejemplo y en concreto en la diócesis de Bilbao el plan de formación consta de 180 horas lectivas que se reparten en dos cursos de 90 horas cada curso de la siguiente manera: clases de 2 horas semanales y tres semanas intensivas a lo largo del curso. La dimensión de carácter espiritual y la maduración en la vocación y compromiso se consideran parte integrante de la formación. Para ello se ve imprescindible la figura del acompañante además de espacios para reflexionar, interiorizar, compartir e ir integrando la clave misionera en sus procesos de seguimiento a Jesús desde lo aprendido en el curso. Para ello se prevén 3 encuentros de un día del fin de semana a lo largo de cada curso. Los objetivos son:

    1. Ofrecer una formación sistemática y fundamental de carácter teológico-pastoral a aquellos laicos/as que quieran incorporarse al proyecto misionero de las Iglesias locales vascas.

    2. Proponer claves fundamentales para hacer una lectura creyente de la realidad de los pueblos del Tercer Mundo a los que los seguidores de Jesús somos enviados.

    3. Ayudar a la maduración del compromiso misionero laical. El curso se divide en tres bloques:

      1. Bloque analítico - Descubrimiento de la realidad.

      2. Bloque sistemático - Reflexión teológica desde la misión.

      3. Bloque pastoral - El compromiso misionero laical.

    4. Los destinatarios son el voluntariado misionero de aquí, es decir aquellos que desean realizar tareas pastorales vinculadas al mundo misionero en nuestra diócesis. Y por otro lado son destinatarios los misioneros laicos, aquellos que desean dedicar unos años a colaborar con otras iglesias de los países empobrecidos, mediante una labor pastoral o desde una labor profesional enmarcada en la pastoral misionera.

      Este año 2001, en la diócesis de Bilbao han iniciado el plan de formación para el laicado misionero 14 jóvenes.

Grado de pertenencia al grupo misionero

A, B y C. Campos de trabajo, Cooperantes y Voluntarios:

No son miembros del equipo de la Misión. No participan en asambleas, encuentros y reuniones de los misioneros, si no son invitados expresamente.

No participan en la caja de viajes ni en la caja de enfermedad del grupo misionero vasco del lugar. Todos los gastos de desplazamiento, seguros y un pequeño aporte de mantenimiento corren de su cuenta. En el caso de los cooperantes, éstos tienen contrato y seguros a cargo de su Institución u ONGD, con quien se acordará cómo saldar todos los gastos de desplazamiento y manutención.

A los voluntarios, sin ser considerados miembros del grupo misionero, las Delegaciones de Misiones pueden incluirles, si procede, en su relación de asegurados con seguro de vida y accidentes. Las zonas o parroquias que los acogen en la Misión, responderán de su manutención.

D. Laicos enviados por las Delegaciones de Misiones por periodos cortos:

No son miembros de pleno derecho del equipo de misioneros, pero pueden participar en asambleas, encuentros y reuniones de los mismos con voz pero sin voto.

No participan en la caja de viajes ni en la caja de enfermedad de los territorios de Misión, pero las Delegaciones de Misiones les proporcionan un seguro de vida y accidentes. Las zonas o parroquias que los acogen en la misión, responderán de su manutención.

E. Laicos enviados por las Delegaciones de Misiones para periodos largos. Misioneros laicos:

Son miembros de pleno derecho del grupo misionero en la Misión y participan con voz y voto en asambleas, encuentros y reuniones. Pueden ser elegidos miembros del Consejo, representando a la zona en que trabajan. Se integran en uno de los equipos pastorales de la parroquia encomendada en el territorio de misión. Además de la labor pastoral realizada según su especificidad pueden compartir también con el resto del equipo pastoral, la vida comunitaria. O si no, puede habitar en otra vivienda compartida con otros seglares, bien autóctonos o bien laicos misioneros como él o ella.

Van a misiones con un contrato de trabajo por obra como trabajadores desplazados al extranjero por su Delegación de Misiones respectiva, a falta de una figura jurídica que se asemeje a su labor. Llevan consigo un convenio de desplazamiento y se les incluye en la póliza común de vida y accidentes.

Participan en la caja común de viajes y en la de enfermedad que desde hace muchos años tiene el grupo misionero, al igual que los demás. Las Delegaciones de Misiones asumen los gastos de viajes, seguros de vida y accidente y aporte a la seguridad social.

A su regreso definitivo al País Vasco, además de poder cobrar el subsidio de desempleo, las Delegaciones de Misiones deben ayudarles a reincorporarse al trabajo, en lo posible, afín a sus profesiones y vocaciones.

III. LA PRESENCIA DEL LAICADO MISIONERO EN LA MISIÓN Y EN SU PROPIA DIÓCESIS.

Una mirada al Futuro desde el pasado y el presente

Las misiones diocesanas son parte integrante de la Iglesia diocesana. Participan, por tanto, de sus virtudes y defectos. Sí es cierto, no obstante, que el laicado misionero en los territorios de misión está en un plano de corresponsabilidad mayor que en el que está en su propia Iglesia local.

Los primeros laicos liberados a tiempo completo para la pastoral en la diócesis de Bilbao comenzaron su andadura hace algo más de 12 años. En las diócesis de Vitoria y San Sebastián recientemente están dando sus primeros pasos. Sin embargo, como he referido más adelante, ya desde finales de los años setenta en Ecuador aparece esa figura del laico responsable de tareas eclesiales pastorales.

Es voz común en la Misión de Ecuador que una de las riquezas del Grupo Misionero Vasco es el trabajo en equipo y, sobre todo que esos equipos están conformados conjuntamente por laicos, religiosas y sacerdotes. También se ha valorado siempre muy positivamente la interdiocesaneidad, o sea que los miembros de un mismo equipo pertenezcan a diócesis diferentes.

Por otro lado no podemos valorar con demasiado optimismo la repercusión e incidencia que el laicado misionero ha tenido en nuestras diócesis de origen. Falta mucho para poder afirmar que la dimensión misionera es un elemento primordial de la pastoral ordinaria. Un sacerdote diocesano al volver de la Misión, pronto se incorpora a una nueva tarea pastoral en la diócesis. La incidencia de ese sacerdote misionero es significativa en su nueva parroquia.. No tanto a nivel de toda la diócesis. El sentimiento misionero en la diócesis, aunque ha sido fuerte hace años, se redujo bastante a un grupo concreto un poco aparte de la diócesis en su conjunto. Con el cincuentenario de Misiones Diocesanas, hace ahora 3 años, se dieron pasos importantes para la actualización del compromiso misionero y para que nuestras tres diócesis se apropiasen algo más del proyecto misionero. Si lo anterior ha ocurrido con los sacerdotes misioneros mucho menor es la incidencia de los laicos misioneros en estas diócesis en las que el reconocimiento del papel del laicado en la Iglesia está recién dando sus primeros pasos importantes. Son contados los laicos misioneros que a su regreso se han incorporado como laicos liberados para la pastoral diocesana. Muchos laicos y laicas al retornar, lo primero que han hecho ha sido buscar un trabajo que les ayude situarse en su nueva realidad aquí. Algunos se comprometen con diferentes realidades de marginación. No pierden su vinculación con la Delegación de Misiones e indudablemente en sus grupos de referencia, en sus parroquias y en su entorno su incidencia es mayor.

La demanda de una organización laical de mayor entidad fruto de una búsqueda de mayor autonomía laical dentro de la Iglesia tomó cuerpo en la diócesis de Bilbao hace ahora unos 15 años. La organización Elkarrekin surgió como una de las respuestas posibles.

En la actualidad, las misiones diocesanas esperan mucho de los laicos misioneros. Se dice frecuentemente que dada la escasez de clero, el futuro de las misiones ha de pivotar en los seglares. Sin embargo del deseo a la realidad falta un trecho, esperemos que no muy largo. Desde hace unos 5 años, el número de laicos misioneros que se ofrecen para ir a misiones para periodos largos (tres años) es poco numeroso. Nunca en la historia de las misiones diocesanas ha habido menos seglares en misiones que en estos últimos cinco años. Apenas llegan a 6 personas. Por lo menos es un número que se ha mantenido y que se confía que pueda aumentar. No así el número de sacerdotes y de religiosas, que ha descendido en esto últimos años más de una tercera parte. También es cierto que hay muchos más seglares para las nuevas formas de colaboración misionera a las que nos hemos referido anteriormente.

Desde las misiones, el grupo misionero vasco tiene como una de sus tareas la de suscitar vocaciones para servicio de la Iglesia local. También vocaciones de laicos autóctonos. Sin embargo, dentro del marco de la cooperación entre Iglesias, que es una de las cuatro líneas fundamentales del compromiso misionero, tanto el grupo misionero como las Delegaciones de Misiones han de esforzarse en posibilitar que el misionero seglar tenga amplio espacio dentro de nuestras MMDD. La figura del misionero seglar enriquece tanto a la Iglesia que lo envía como a la Iglesia que lo recibe.

Corresponde a las Delegaciones de Misiones la búsqueda de candidatos para cualquiera de las modalidades de colaboración citadas, priorizando la de aquellos que pueden dar mayor continuidad a la labor misionera, como son los misioneros laicos. Corresponde igualmente a las Delegaciones de Misiones formarlos adecuadamente.

Por su parte, el grupo misionero ha de facilitar y posibilitar la llegada de los laicos de cualquiera de las modalidades citadas, dedicando los esfuerzos necesarios para que pueda haber una colaboración real de laicos en la misión. Merece una atención especial seguir posibilitando la marcha de laicos para trabajos específicos de pastoral.

Los próximos años van a ser muy importantes para el futuro de las misiones diocesanas. La Iglesia en su conjunto también parece que va a experimentar cambios significativos. No cabe duda de que el laicado y, también el laicado misionero, va a ser una pieza clave en todo este porvenir. Confiemos en que sepamos escuchar la voz del Espíritu que nos sigue invitando a construir el Reino en nuestra propia historia.



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